12 se lee Doce

Caminando por un edificio emblemático que siempre vi desde afuera y que ahora podía verlo por dentro. «Camine por este pasillo y baje por las primeras escaleras que vea, tome el ascensor hasta el piso 3 y a mano izquierda saliendo de los ascensores está la oficina». Saliendo del ascensor, de frente, veo una hermosa puerta madera con vidrios que, con algo de color, permitía ver hacia adentro, un lugar que trasmitía una energía especial, mi curiosidad me lleva a asomarme y veo varias mesas y sillas vacías, con una barra a mano derecha. Camino hacia mi izquierda tal como me señalaron, cruzo la puerta y ahí me anuncio. Me piden que tome asiento y espere… Cuando me toca mi turno me encuentro con dos personas, dos energías: una tan pragmática como acelerada; otra, llena de curiosidad y algo ansiosa por lo que pasaría en esa sesión. No sé qué pasaría en ese encuentro, pero tenía muchos sueños puestos en ese momento y seguro que mi ansiedad también estaba a millón.

Al final me fue muy bien en ese encuentro y algunos más que me tocó asistir, incluida una pasada por el servicio médico. Dos semanas después, tal día como hoy hace 12 años (ayer 15 de abril / post pendiente de ayer), estaba ingresando en un lugar que se ha convertido en un segundo hogar. Hoy, hace 12 años, comencé a trabajar en Empresas Polar!

Honrado y muy orgulloso de mi recorrido, logros y aprendizajes luego de 12 años en una organización-escuela como lo es Empresas Polar. Gracias a todos los que me han dado la oportunidad de crecer y desarrollarme en todos estos años.

Por cierto, aún conservo una amistad especial con esas dos personas de mi primera entrevista. Ambar Torrelles y ni hablar de Rita Principe. Y que siempre venga lo mejor!!! #DestinoÍtaca

Venezuela no es Cuba…

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«Venezuela no es Cuba» Frase con la que muchos se jactaban de que en Venezuela no llegaríamos a vivir lo que se ha vivido en Cuba en las últimas décadas. Totalmente, Venezuela no es Cuba, es distinta, la tragedia que estamos viviendo en Venezuela tiene matices propios, que se agravan profunda y rápidamente.
Recuerdo con nitidez la vez que fui a Cuba, año 2002, formaba parte de la Selección Venezolana de Hockey sobre Grama y fuimos a entrenar con miras a los Juegos Centro Americanos y del Caribe. Estuvimos más de 15 días en la Isla. Recién me había graduado como Sociólogo (2001), mi curiosidad personal y profesional era muy grande, recuerdo mi observación aguda a cada detalle, a cada conversación, cada interacción, a cada lugar…
En el último día de entrenamientos, en mi acostumbrada conversación con el conductor del bus que nos trasladaba del hotel al campo y luego de regreso, insistentemente y por varias vías trataba de saber si él estaba de acuerdo con lo que ocurría en la Isla, con el sistema. Él siempre era muy esquivo, parco, muchas veces mis preguntas quedaban en el aire sin respuesta. Sabiendo que ya sería nuestra última conversa dejé de lado mi preguntadera y le agradecí por su amabilidad y por las conversas. Honestamente para  mí es muy sencillo encariñarme con las personas con las que sostengo conversas interesantes. A pesar de que las preguntas críticas solían caer en silencios vacíos, me retribuyó con muchísimas historias sobre la cotidianidad, sobre el amor por la cultura, por el amor a su gente, a su tierra.
En esa última conversa, Pedro me dijo algo que me dejó sin palabras. No recuerdo sus palabras exactas, pero fue algo como: Aquí los que hablan mal del Gobierno van presos. Aquí hay gente que vive de encontrar a quienes piensan y hablan mal del Gobierno. Aquí no te ayuda en nada estar de acuerdo o no con lo que pasa, igual te toca resolver cada día. Todo esto me lo dijo sin quitar la vista del camino. Sin darme cuenta ya habíamos llegado al hotel y mientras bajaban todos cerró con lo siguiente: Muchacho, te digo esto porque desde el primer día tu mirada me habló de ti. Gracias por interesarte por nuestra gente, tu mirada es de bien, pero ten cuidado porque no siempre será bien recibida aquí. Me lo dijo con una mezcla de cariño y preocupación, como un padre que le habla a un hijo.
Venezuela no es Cuba, pero a estas alturas poco importa si nos oponemos o apoyamos al régimen, todos padecemos lo trágico del estado de temas como la salud, alimentación, violencia, injusticia, corrupción y cualquier tema que quiera colocar. Todos lo padecemos, aunque los pobres, que se han multiplicado vertiginosamente en los últimos años lo sufren a niveles inhumanos. Hoy en la marcha, cuando de la Av. Libertador íbamos con destino a la autopista gritando consignas, había un señor rompiendo las bolsas de basura buscando alimento. Esa imagen que se repite cada día y cada vez con más frecuencia no deja de romperme el corazón y fue lo que me hizo recordar la historia de aquel amable y parco conductor de Cuba. ¿Qué gana ese señor que busca alimento en la basura apoyando o no al Gob?
Este régimen tiene mecanismos muy macabros de dominación. Tenemos la obligación de seguir resistiendo, de reconocer que esta lucha es por nosotros, por nuestros hijos, por nuestros vecinos y por todos los venezolanos. Venezuela no es Cuba, pero hace tiempo que tampoco es la Venezuela en la que crecimos. Si queremos una mejor Venezuela nos toca construirla y no podemos esperar mejores tiempos, el tiempo es ahora.

Historias rotas

 

 
Cuánto hemos aprendido y cuánto se han esforzado en enseñarnos que lo roto está mal. Y más aún si se trata de nosotros mismos. Cuánto evitamos rompernos para evitar el dolor,  cuánto nos esforzamos por estar siempre bien, cuando sabemos que nadie (tal vez unos pocos iluminados) están siempre bien, no sin antes aprender de haber estado rotos.


Como cada uno de nosotros es un Universo único en sí mismo, diferente pero conectados con otros, les propongo un sencillo ejercicio. Piensen en las historias de sus libros favoritos, de sus películas favoritas e incluso de sus personas favoritas. Seguramente están surgiendo varios recuerdos de momentos extraordinarios en esas historias. Ahora les pido que, en esas mismas historias, se enfoquen en las veces que los protagonistas estuvieron «rotos»… Algún obstáculo, algún evento triste o trágico, alguna injusticia, alguna pérdida… Quédense en esa parte de las historias por un instante. Si nuestra empatía está funcionando sanamente podremos conectarnos en alguna medida con ese sentir. Así como podemos conectar con nuestras propias roturas, grietas, heridas o cicatrices (o todas al mismo tiempo).


Ahora, a través de esas mismas historias, conecten con lo que les gustó profundamente de ellas. Conecten con esos personajes (de la vida real o ficticios), con sus historias y con la posibilidad materializada de seguir adelante a pesar de estar rotos. Cuántas historias de la vida misma en la que los protagonistas siguieron adelante y en las que nosotros mismos, en conversaciones internas o compartidas, pensamos que no hubiésemos sido capaces de seguir en esas circunstancias. 


Las buenas historias relatan lo vivido por aquellos quienes se rompieron y siguieron adelante hasta juntar sus pedazos, o al menos lo intentaron hasta su último aliento. Las buenas historias no están hechas solo de días perfectos. Las buenas historias no están protagonizadas por gente perfecta, están protagonizadas por imperfectos, como tú y como yo, que se rompen, que nos rompemos, que nos encontramos en situaciones en las que nos cuesta mucho seguir adelante. Las buenas historias se escriben todos los días en la vida de cada uno de nosotros, porque solo nosotros sabemos realmente lo que hemos vivido, lo que estamos viviendo, lo que nos hemos roto y aún así seguimos. Nos fallarán las fuerzas, sentiremos la tentación de abandonar muchas veces y cuando así sea tenemos la posibilidad de pedir y permitirnos recibir ayuda, para seguir adelante, para seguir buscando nuestras partes perdidas, heridas.  Incluso seguimos hasta que aprendemos a vivir sin esas partes.


Las buenas historias son aquellas llenas de sentido, de propósito. Nuevamente, no porque hayan sido perfectas, sino porque nos inspiran, nos muestran la luz cuando todo apuntaba a que la oscuridad ganaría.


Si hoy sientes que algo está roto dentro de ti piensa en la posibilidad de que puedes ser protagonista de una magnífica historia. 


¡Sigue adelante!

¿Quién?

¿Quién dormirá a tu lado solo para conectarse con la energía de tu presencia serena?

¿Quién escuchará y comprenderá tus transes silenciosos? ¿Quién los provocará recorriendo cada centímetro de tu piel de seda?

¿Quién te hará vibrar con un par de palabras susurradas al oído?

¿Quién te quitará el brassier tan rápido? ¿Quién liberará tu pecho, tus dudas y tus miedos en un solo acto?

¿Quién te mostrará las posibilidades del Universo en cada caricia y en cada beso?

Imagen: Leonid Afremov

AutoRetrato 3

En los post anteriores AutoRetrato y AutoRetrato 2 pude dar algunas pinceladas de lo que había significado el ejercicio para mí y en relación con otros. En este post profundizaré mucho más mi proceso propio.

¿Cómo luce mi presencia? Para ser sinceros es una pregunta que aún no logro responder y como tocaba realizar el ejercicio tenía que elegir qué mostrar. Mi primer ejercicio fue ir más allá de la evidencia corporal de que debía estar desnudo y busqué en lo que me hacía sentir realmente desnudo: mis temores. Eso que me hace sentir realmente vulnerable son mis miedos y mis sombras, mi lado oscuro.

Aquí vino el primer escollo, para mí es bastante complicado mostrarme (aunque muchos de los que me conocen no me crean); el qué dirán puede joder mucho, mucho! Que tu entorno te acepte o no puede ser muy limitante y en ocasiones devastador. Muchas personas podrán sentirse identificadas con esto y también sentirse identificadas con que es algo que no solemos compartir, ni siquiera con nuestro entorno más cercano. Lo cierto es que ya tenía el primer elemento a mostrar en mi tarea: Mostrar-me tal como soy.

A eso le sumé mi segunda «desnudez» el miedo a mis sombras, a lo que no me gusta de mí, a lo que «no debería», a lo que me hace sentir particularmente vulnerable. A lo que en algún momento me esforzaba intensa y profundamente por ocultar, por olvidar, por ignorar… con resultados que solo me llevaban a más dudas, a alejarme cada vez más de mí mismo para encontrarme con una versión de mí mismo que me costaba terriblemente mantener y que básicamente podía hacerme tal vez un poco más reconocido pero seguramente menos feliz. Sombras que aún me acompañan pero que hoy, luego de trabajarlas con Amor puedo abrazarlas y convivir sanamente con ellas. Y en esas conversaciones descubrí que también hay luz (a pesar de mi colorcito jajaja chiste interno) y es esa luz la que también me identifica y la que puedo elegir Ser, que me representa mucho más. Mi capacidad de Amar, de Amar lo que hago, de Amar a otros, de Amar-me, de hablar del Amor de manera más abierta; incluso de «tocar» a otros y acompañarlos en su propia búsqueda del Amor. De tener mis sentidos más abiertos a observar y escuchar el Amor hasta en los detalles más simples. Esta luz sí que me hace sentir más pleno, orgulloso, mucho más feliz.

Ahora lo único que faltaba era reflejarlo en una foto, donde saliera yo desnudo (sin ropa) y con la complicación de que yo mismo era modelo y fotógrafo.

Así elegí fondo (blanco para el contraste), iluminación (que fuera capaz de mostrar detalles, generar sombras y relieves. Luces y sombras con fuerza) y pose (que me mostrara todo lo anterior, el mayor reto).

La imagen que elegí para este Post es la qué «más muestra mi lado de luz» (al menos eso creo), donde señalo mi tercer y más reciente tatuaje (no creo que sea el último) de Ubuntu, en el pecho del lado del corazón; con un significado MUY especial al que pueden acercarse leyendo un post que escribí hace años.

No sé si sea la mejor imagen de la serie, pero es una en las que me siento más reflejado quién soy y cómo me gustaría mostrarme. El resultado del ejercicio ya lo han podido visualizar en mis otros posts y mi gente cercana que ha podido ver las otras imágenes producto de la sesión.


Para cerrar quiero agradecer a quienes han seguido esta serie de imágenes y escritos, y más aún a quienes me han animado a continuar. ¡GRACIAS! Un abrazo hasta el próximo post.

Encuentro

Una botella, dos copas
Un par de miradas que se cruzan
Una conversación que se queda sin voz
El Universo de la piel que empieza a hablar

Dos corazones que se aceleran
Dos bocas que se acercan
Un beso que comienza en los labios
y se va haciendo sentir en todo el cuerpo

Dos cuerpos que se atraen
Un beso que sigue entretejiendo
Unas ganas que estaban represadas
Un par de respiraciones sobresaltadas

Dos cuerpos que están por fundirse
Lo mágico de un verdadero encuentro
cuando dos almas empiezan a unirse.

¡Salud!

Días de mierda



Lidiar con el hastío, con el cansancio. Sentir que hay días que pasan sin que nada verdadero pase. Minutos lanzados al vacío, sin mensaje, sin contenido. Momentos mecánicos, conversaciones en automático. Sin prisa, sin calma, sin alma.

Días en los que sientes que lo verdadero se esfumó, que no vale la pena, que son demasiadas las bajas, que perdiste la batalla.

Situaciones en las que te sientes insignificante, instrascendente, donde pareciera que la vida te mira indiferente.

Días en los que no hay razón, ni horóscopo, ni sentir que te muestren un camino, que te flaquean las ganas, que te vas al suelo sin ánimos. Días de mierda que se te vienen juntos todos los pensamientos que ahogan.

Días de sombras, sombras oscuras, frías, macabras, que saben dónde herirte…

Es en este punto que recuerdo que si bien no puedo elegir lo que siento, sí puedo elegir lo que pienso. Y que cuando más profundas son las sombras es porque más radiante es la luz que las genera.

Hoy respeto mi sentir, honro mi caída, me doy el permiso de verme vulnerable y reconozco también mi arrechera. Así que… Bingo! Ahí está mi fuerza, la que me sacará del foso, la que me recuerda que la luz está dentro y no afuera. Toca cuidar la llama, tener paciencia para que crezca el fuego y levantar vuelo de nuevo.

AutoRetrato 2

Debo decir que la experiencia del curso en el cual me tocó realizar una sesión de auto retrato desnudo como una de las asignaciones, a pesar de sus complejidades, ha sido más que interesante. En esta ocasión me detengo en los comentarios que he recibido a partir de la publicación de mi AutoRetrato anterior, de todo tipo! Desde las felicitaciones por la imagen lograda o incluso por «atreverme», pasando por la jodedera criolla marca de la casa (Gracias a mis panas, que vivan los Venezolanos 🇻🇪), hasta por los que me tildan de loco o extraño (como si fuera algo malo jeje). Pero lo mejor es que ha sido muy entretenido ver las reacciones de la gente cuando al realizar algún comentario sobre mi foto les digo que cuando quieran les hago el suyo; la diversidad de respuestas ha sido aún mayor: «Estás loco», «Nooo que va, yo no soy exhibicionista como tu», «No estoy buena», «No tengo cuerpo para eso» y muchas respuestas más. Muy pocas, poquísimas personas dispuestas a fotografiarse sin ropa, principalmente poniendo como «razón» que no van a lucir bien. Y es aquí donde entran los juicios de belleza, incluso por encima del pudor o la moral, los que limitan principalmente esta posibilidad. Obviamente no es un estudio representativo, pero me llamó poderosamente la atención cómo los juicios sobre belleza pueden limitarnos en cómo nos mostramos al mundo (o cómo nos oculatmos). Y ya no estoy hablando de retratos desnudos. Quien no es capaz de siquiera pensar sobre permitirse la posibilidad de fotografiarse desnudo porque no va a lucir bien (al menos en lo que verbaliza) cuántos monstruos tendrá que soportar en el día a día para mantener la imagen que cree que debe tener. Y es aquí donde cambio la desnudez por lo que visten… Si no te atreves a mostrar tu cuerpo desnudo, ¿Qué muestras cuando te vistes?  ¿Qué buscas «tapar» o «mostrar» con la forma en la que vistes? Vestir visiblemente de marca, elevarse con tacones y plataformas muuuuy altos, ocultar kilos «de más», ir inexorable y permanentemente con la ropa planchada, ir siempre con ropa «apretadita», mucho escote o nunca «mostrar nada»… en fin son preguntas que me surgen. Fotografiarse desnudo (o no) no demuestra nada a priori, lo que pensamos de nosotros mismos y el peso que tiene la opinión de otros sobre nosotros, eso sí que debemos escucharlo para aprender a conocernos mejor. Por lo pronto ya salió una sesión para una que sí se atrevió y le gustó el concepto de «vestir con sombras». Seguramente vendrán más entregas sobre este tema, nos vemos! Ah y por favor, bienvenidos los comentarios!!! ¿Te harías un retrato desnud@?

AutoRetrato


Para los que me siguen en Instagram muy probablemente ya lo hayan leído. Defitivamente esta experiencia del curso de fotografía de Introducción al desnudo está siendo más que interesante. Serán varios posts y por eso quise comenzar por este, que marca la puerta de entrada a los próximos. Aprovecho de agradecer a Roberto Mata, a RMTF y su #StaffRMTF por impulsar la iniciativa #RMTF2017Gratis y gracias también a quienes me dieron sus likes para ganarme el derecho a realizar el curso. Ahora sí, comencemos.
El retrato siempre me ha inspirado, más aún estudiarlo desde la mirada de la fotografía. Un buen retrato es más que una imagen, es más que una buena luz, más que una atractiva composición. Debe, adicionalmente, trasmitir algo de la esencia del retratado, su presencia; lo que amerita una conexión entre fotógrafo y retratado, una danza que permita que ambos lleguen al resultado deseado. El autorretrato es un poco más complejo aún, porque los sujetos antes mencionados (fotógrafo y retratado) son la misma persona, que tiene el doble trabajo de componer la imagen y modelarla. Sumemos también el reto de hacerlo desnudo. Cuántos juicios no tenemos sobre la desnudez, sobre la sexualidad, sobre la moral… incluso sobre la aceptación y autoestima. En fin, ¿Cuál es mi esencia? ¿Cómo se ve mi «presencia»? Son conversaciones con uno mismo que no solemos tener con mucha frecuencia o con mucha profundidad. Abordar este ejercicio luego de varios años estudiando fotografía y un par de años conversando más frecuente y profundamente conmigo es un reto muy interesante que estoy empezando a resolver. Aquí una muestra.

Combinación mágica

En la maravillosa coincidencia de disfrutar la convivencia me doy cuenta de cómo combina nuestra esencia
Combinación que no necesita más que un instante para manifestarse
Ver por ejemplo cómo combina tu mirada y mi sonrisa
La combinación sublime de tu sonrisa con el amanecer de un nuevo día
Combina tu calidez con ese lugar que llamo hogar
Combina tu voz con mis ganas de escucharte
Combina tu emoción con mis ganas de celebrarte
Combinan nuestros pasos al bailar y nuestras carcajadas al estallar
Combinan también los silencios con la necesidad de sentir
Combinan deliciosamente nuestros labios cuando el idioma de los besos alza la voz
Combina tu figura con mis ganas de acariciar
Combinan tu respiración y los latidos en tu pecho cuando mis manos te recorren
Combinan tus ojos cerrados con mi intención de hacerte soñar

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